Álvaro Royano: “Como hijos de Dios, debemos amarnos, y el paciente debe sentir ese amor como un hermano”

La fe y la vocación de cuidar se entrelazan en la vida de Álvaro Royano, alumno de 1º de Enfermería en la UPSA. Tras recibir recientemente el sacramento de la confirmación, el joven reflexiona sobre cómo este paso en su camino espiritual refuerza también su manera de entender la profesión sanitaria: desde la empatía, la humanización y el servicio a los demás. En esta entrevista, comparte cómo su experiencia cristiana influye en su visión del paciente, al que considera, ante todo, una persona digna de ser cuidada “desde el amor que profesa Dios”.

Pregunta (P): Recientemente, recibiste el sacramento de la confirmación. Este sacramento es una reafirmación de la fe adulta. ¿Sientes que esta decisión tiene algún paralelismo con tu elección de estudiar Enfermería?

Respuesta (R): Siento que este sacramento supone un paso más en mi vida. Llegar aquí y estudiar la carrera de mis sueños me hizo darme cuenta de que me faltaba algo más para completarlo todo. Estar en el Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe fue algo también muy relevante. Me encontré con una comunidad de creyentes, no muy grande, pero con un corazón gigante. 

 

Por otro lado, tanto la Universidad como el Colegio Mayor ponen a nuestra disposición muchísimos recursos, sin ir más lejos, las catequesis, que recibía a un minuto de mi habitación y con los compañeros con los que vivía cada día. Además, veo un paralelismo en mi vida y en la historia de la Enfermería, dado que, en la Edad Media los cuidados de las personas pasaron a manos de la Iglesia, con el objetivo de seguir la misión de Jesús. 

 

(P): ¿Qué representa para ti recibir este sacramento justo ahora que estás terminando tu primer curso de carrera?

(R): Es una manera de reafirmar el cambio de etapa que vivo en mí. Paso de ser un adolescente a ser un adulto-joven, veo que empiezo a vislumbrar un camino que será, quizás, el camino de mi vida. Entonces, recibir la confirmación me parecía algo esencial, fruto de la madurez para ir cerrando las incertidumbres que me rodeaban, y tenerlo todo más claro. 

 

(P): ¿Cómo crees que este compromiso espiritual de confirmación va a influir en tu manera de entender el cuidado a los demás?

(R): Evidentemente, pienso que el sacramento y el hecho de caminar más cerca del Señor va a mejorar enormemente mi profesión como enfermero del futuro. Jesús amó a todos con los que se encontró y nos pide que nosotros amemos a nuestros hermanos, creo que la mejor manera de cuidar es desde el amor tanto hacia la profesión como hacia los pacientes.

 

(P): En Enfermería de la UPSA, se habla mucho de la ‘humanización’. Para ti, ¿dónde termina la técnica y dónde empieza el cuidado humano?

(R): Es una pregunta muy complicada. La Enfermería supone muchas prisas y mucha presión en el día a día, creo que el buen enfermero no es aquel que canaliza una vía a la primera o el que conoce el temario a la perfección. El buen enfermero es aquel que consigue empatizar con el enfermo y con su entorno, y pone todo lo que está en su mano para dar el mejor servicio, más allá de la simple técnica. Y qué mejor manera de entender al paciente que siguiendo la reflexión que Jesús hace justo antes de morir diciéndonos que todos somos hijos de Dios y que debemos amarnos entre nosotros. Para mí, la manera más sencilla de comprender al paciente es ver a un ser amado e imaginar a tu hermano, a tu madre o a tu abuela.

 

(P): La ética de la Enfermería nos dice que el paciente no es un número, ni una patología. Desde tu perspectiva cristiana, ¿cómo visualizas ese respeto de la dignidad de la persona en los momentos de vulnerabilidad?

(R): La ética de la Enfermería nos dice que el paciente tiene derecho de tener cuidados durante toda su vida, incluyendo los momentos de la muerte, y Dios nos enseña que la muerte es el principio de la vida eterna como cristianos. Como enfermero, me parece que es importante tener presente que la persona a la que cuidas tiene derecho a vivir todo lo posible y tiene derecho a morir dignamente. A nadie le gustaría convertirse en un muñeco de prácticas para el equipo sanitario, nos gusta que nos traten como lo que somos, personas, y que el equipo sanitario que nos atiende para que estemos lo mejor posible.

 

(P): A veces, el enfermero no puede curar, pero sí puede cuidar. ¿Crees que tu fe te da herramientas extra para afrontar el sufrimiento ajeno?

(R): El sufrimiento nos cuesta aceptarlo, y siendo cristianos, esto no es distinto porque cuesta creer que las cosas van mal. Pero los cristianos creemos que Dios sabe más y que nos ama, por lo que a veces tenemos que ponernos en sus manos y creer en él. En ese momento de sufrimiento, tenemos que armarnos de valor, pedirle al Señor ayuda y confiarnos en sus manos, para que nos dé luz y podamos ayudar de la mejor manera posible.

 

(P): En ocasiones, el sistema sanitario es calificado de “frío y rápido”. ¿Cómo piensas mantener encendida esa llama de la ‘humanización’ cuando lleguen las guardias largas y el cansancio?

(R): Estoy seguro de que será todo un reto, puesto que al final de la jornada es un lastre las horas que llevas y el cansancio acumulado, pero pienso que es fundamental recordar que enfrente tienes a un hijo de Dios. Hasta en su peor momento Jesús ayudó a quienes pudo, yo espero poder hacerlo, aunque el cansancio me lleve a mis límites. Para ello, el Señor enviará aliento a aquellos enfermeros que lo necesitan y que me dará fuerza para que pueda cumplir con mi misión de enfermero.

 

(P): Si tuvieras que elegir una palabra que defina tu misión, a partir de tu confirmación, uniendo tu fe y tu futura profesión, ¿cuál sería?

(R): La palabra que mejor describiría mi misión sería ‘servicio’, los cristianos siempre estamos abiertos a ayudar y servir a quienes lo necesiten y, como enfermero, considero que es algo también fundamental, ser servicial con los pacientes y con toda la gente que lo necesite.